Las palabras.

Hubo una vez un hombre y una mujer que se miraban en silencio. Ninguno de los dos decía nada, no era necesario. Se tomaron con suavidad las manos cómplices y compañeras, y sonrieron. Él y ella se quitaron mutuamente sus ropas, ninguno de los dos pronunció palabra alguna. Se observaron más allá de los ojos y se intimaron más allá de la amistad. Antes de ser un solo cuerpo el tiempo traicionó al hombre y no logró soportar el peso de un segundo más. El hombre no pudo contener los latidos exagerados de su boca. Te amo, le dijo a la mujer… la Historia daba un giro de 180º.

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