Lincoln (2012). “Entre la hiperglucemia y la somnolencia”.

Titulo original: Lincoln.
País: Estados Unidos.
Dirección: Steven Spielberg
Reparto: Daniel Day-Lewis, Sally Field, Tommy Lee Jones, Joseph Gordon-Levitt, David Strathairn, James Spader, Hal Holbrook, Gulliver McGrath, Michael Stuhlbarg, Jackie Earle Haley, Jared Harris, Tim Blake Nelson, John Hawkes, Lee Pace.
Idioma: Inglés
Año: 2012
Género: Drama
Duración: 150 min.

crítica - lincoln

Desde hace bastantes años Steven Spielberg (Cincinnati, 1946) viene alternando la realización de dos tipos de películas: las serias (o “serias”, vaya uno a saber la diferencia) y las de entretenimiento. A pesar que tanto unas como otras podrían complementarse, el director en muy pocos casos ha logrado diluir con éxito esta fórmula.

Tampoco se sabe con exactitud si se trata de un fetiche de Spielberg o de un arreglo comercial con las distribuidoras multinacionales, pero desde hace tiempo todos sus films serios o “serios” no bajan de las dos horas y media de duración.

Spielberg ya había mostrado su inquietud en anteriores realizaciones por el tema de la esclavitud, podría mencionarse “El Color Púrpura” (The color purple, 1985) y “Amistad” (1997). Asimismo, también ha mostrado interés por personajes de la Historia que hicieron historia gracias a su exaltación y valentía, tal su trabajo en “La Lista de Schindler” (Schindler’s List, 1993) o incluso con “Rescatando al Soldado Ryan” (Saving Private Ryan, 1998). En todo caso ejemplos más que nada anónimos para las grandes masas.

También otros personajes formaron parte de su mundo ficcional, transmitiendo y enseñando valores universales (o algo así). Tal fue el caso de “La Terminal” (The Terminal, 2004). Igualmente, hasta el día de la fecha, E.T. (el extraterrestre, obvio) sigue siendo el indiscutible ídolo de la platea. A propósito, el año pasado cumplió treinta años de su llegada a los que algunos llaman “Planeta Tierra”.

En cuanto al film, Lincoln entraría en esta categoría de películas serias o “serias”. Consejo inicial: toda persona que se digne a ver estas propuestas realice una estricta dieta en azucares tiempo previo a su fecha de estreno. De esta manera evitará excesos de glucosa innecesarios al organismo. Asimismo, antes de ingresar a la sala, solicite pop salado y refresco light.

La película se desarrolla en el año 1865, luego de cuatro años de guerra civil en Estados Unidos y con la reelección de Lincoln como presidente.

La anécdota central del film es sumamente sintética pero se estira como el sueldo a fin de mes. Gran parte de la trama gira en negociaciones políticas para alcanzar los votos necesarios y así aprobar la abolición de la esclavitud (Decimotercera Enmienda). Por otra parte, se especula con la rendición de los Estados Confederados del Sur en la contienda bélica ya mencionada.

En fin, todo se resume a discusiones entre legisladores, juntadas de votos para aprobar la ley, algunas negociaciones no tan sanctas, en fin, lo de todos los días.

Seguramente hubieron más discusiones de las que muestra la película, ¿pero es necesario ser testigos de cada una de ellas? Demasiados rodeos y vueltas para narrar los puntos centrales. El barro me estaba llegando a las rodillas ante los escasos avances que mostraba la cinta.

A los cinco minutos de iniciada se me taparon las arterias de tanta glucosa. A la hora, a falta de atractivo por el film, comencé a tejer una bufanda.

En el medio de tanto fango aparece un conflicto entre padre (Lincoln) e hijo (hijo de Lincoln) que parece más forzado que sándwich de atún sin mayonesa. Cada tanto también se pelea Lincoln con su esposa (esposa de Lincoln), pasándose facturas de años pasados. Si hubieran recurrido a terapia familiar quizás no hubiera habido tanto griterío en los pasillos de la tan ocupada y teatral Casa Blanca.

Daniel Day Lewis (Londres, 1957) recrea a un Lincoln digno de “héroe de la patria¨, aunque a veces trata mal a su familia o directamente trasciende de ella. Su actuación convence y demuestra que los actores también pueden personificar presidentes sin quedar humillados por eso. Mejor no hablemos de Anthony Hopkins y su intento fallido de encarnar a Nixon (Nixon, Dir. Oliver Stone, 1995). Seguramente aún debe tener pesadillas por ese hombre.

Resultó bastante molesto que cada vez que hablaba Lincoln lo manifestara en términos de metáfora. Perturbó un poco tratar de descifrar cada una de sus frases, ¿no es más fácil para el espectador que Lincoln hablara más directo? De paso uno se ahorra interpretaciones innecesarias o fuera de lugar.

Nota aparte la peluca que utiliza el gran Tommy Lee Jones (San Saba, 1946), es terrible. Uno no puede evadir los pensamientos para dejar de mirarla.

Lincoln capaz que es la gran triunfadora de la próxima ceremonia de los premios Oscar. Capaz que ocurre lo mismo que con “El Color Púrpura“(1985), históricamente la gran perdedora de estos premios (once nominaciones, cero premio). Capaz que no me importa.

La bufanda quedó impecable.

Calificación:

2. Mala.

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