Ella (2013). “Amor invisible, invisible amor”.

Titulo original: Her.
País: Estados Unidos.
Dirección: Spike Jonze
Reparto: Joaquin Phoenix, Lynn Adrianna, Lisa Renee Pitts, Gabe Gomez, Chris Pratt, Artt Butler, May Lindstrom, Rooney Mara, Bill Hader, Kristen Wiig, Brian Johnson, Scarlett Johansson, Amy Adams, Matt Letscher, Spike Jonze.
Idioma: Inglés
Año: 2013
Género: Drama.
Duración: 126 min.

crítica - Her

El director Spike Jonze (Rockville, 1969) tiene en su haber varios caminos artísticos construidos, uno de ellos la realización de videoclip musicales para gente como Beastie Boys, Fatboy Slim, Björk, Chemical Brothers o Notorious BIG. También ha sido figura de contenidos culturales emergentes en Estados Unidos difíciles de digerir, el mundo hueco y auto flagelante que significó Jackass podría ser un ejemplo claro.

A nivel de largometrajes podrían destacarse al menos tres películas al mando de su batuta: la inquietante ¿Quieres ser John Malkovich? (Being John Malkovich, 1999), la laberíntica El ladrón de orquídeas (Adaptation, 2002) y la no tan infantil Donde viven los monstruos (Where the wild things are, 2009). En este último caso, se recomienda la banda sonora del film a cargo de Karen O. Otro ejemplo positivo a mencionar es este film.

El protagonista de la historia, Theodore Twombly (un Joaquin Phoenix a pleno), se dedica a escribir cartas para terceros: una especie de escritor fantasma (ghostwriter) pero con legitimidad social, un médium entre personas que se escriben y se derrochan palabras de amor sin tocar un lápiz ni un papel.

Entre cartas escritas por computadora, juegos de video 3D y encuentros pornográficos casuales Theodore inicia una búsqueda emocional que le hará cambiar su existencia. Por un lado, se enfrenta a un frustrado matrimonio en espera de la firma para el divorcio, por otro, una amante fugaz de juventud, actual amiga y vecina de rascacielos que hace las veces de confidente de carne y hueso. El quiebre argumental se genera cuando Theodore instala un sistema operativo (¿en su vida?) diseñado para responder a todo lo que el usuario le solicite. Este punto de partida le permite intercambiar diálogos con una voz (interpretada por Scarlett Johansson) que rápidamente devendrá en profundos y animados momentos de conocimiento mutuo.

En medio de una sociedad donde el desarrollo tecnológico exacerbado es el protagonista se teje una historia de amor aparentemente atípica. Lo sombrío del asunto es cómo comienza a darse por normal una relación que carece de toda sensatez y racionalidad, por citar dos ejemplos al respecto: el picnic del protagonista con su compañero de trabajo y el encuentro con la prostituta-mediadora.

Desde el inicio la película atrapa, quizás por la atemorizante cercanía que hay entre nuestra realidad y los tiempos que transcurren en la historia, quizás sea por el temor a parecernos demasiado a lo que allí ocurre. A priori parecería ser un futuro no tan lejano aunque tampoco es un presente palpable. Estéticamente es un placer, los colores que adornan la pantalla dan ganas de copiarlos para pintarse la casa.

Por su parte, Phoenix contribuye a darle ese toque sensible, no sensiblero, de lo que significa vivir en una época donde hay más vacíos y limitaciones emocionales que cartas de amor escritas a mano. En los 80’ los nervios eran reales cuando había que llamar a la chica para pedirle una cita. Mirábamos fijamente el teléfono puesto sobre la mesita de luz, hablándole bajito, pidiéndole que la chica dijera que sí a la invitación. Se respiraba profundo antes de tomar el tubo (palabra que en cualquier momento desaparece de los diccionarios ante la falta de uso) y rezábamos para que no atendiera el padre. Hoy día son otros los códigos, quizás lo que más anhelamos para estos casos es que sea una voz humana la que nos responda. Los tiempos cambiaron, las personas también. Ayuda a la construcción del papel de Phoenix la gran interpretación de Johansson, a cualquiera le darían ganas de abrazar esa voz tan humana y tan virtual a la vez.

Un detalle: The moon song, la canción de Karen Oes una delicia. Recuerda mucho A waltz for a night de Julie Delpy, en Before Sunset (Dir. Richard Linklater, 2004). Melodía tierna, atrapante, cómplice. Claro, así se enamora cualquiera.

Se trata en definitiva de una interesante reflexión sobre las relaciones humanas cada vez más distantes, cada vez más virtuales.

Calificación:

5. Buenísima.

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