Siento.

Siento telones que se izan por días y noches. Siento cómo la escenografía cambia para nuevas funciones, las mismas ciudades, distintos momentos. Y yo allí intacto como un delirio, con una trufa. Otra vez tomar el avión al desafío, con la guitarra en la piel y el duelo en la boca. A veces dan ganas de correr hacia quién-sabe-dónde con la nariz en los ojos y las manos rompiendo el viento. Me freno sobre la colina para saltar pero vuelo, a veces como un pelícano viejo, nunca como una gaviota. Me subo a la bicicleta, el equilibro, el temible contrincante. Y comienza el laberinto, el que abre puertas y acorta distancias, con la música de Queen puesta en los tobillos. Under pressure, gritan desde el hueco de la caverna, ¡qué saben ellos! Siento el humor en el pelo y salto hasta el tren de gomitas sabor naranja, me guardo bajo la lengua el medallón de menta y chocolate. No los soporto más, váyanse todos, lloviendo con su música de paraguas quedan mudos sus reclamos. Y allá voy, me coloco el sombrero, me abotono mal el saco, les dejo mi mejor sonrisa. Cierro la puerta, me esperan otras por abrir.

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