País de viejos.

Somos un país de viejosjóvenes, seguimos rompiendo piñatas a los veinte años porque los responsables del poder no dejan de lado su disfraz. Somos un lugar que siente el crujir cotidiano de las rodillas, que nos cuesta dormir, que nos cuesta despertar, que nos cuesta la vida. Es el yermo amanecer de nuestra enfermedad, de los fingidos qué dirán, de borrar una y otra vez nuestra fecha de vencimiento. Nos quedamos siempre mirando la cometa de colores, deseando que algún día le caiga un rayo. Ya vendrán las alegrías por un puñado de meses para después volver y encerrarse en el cuarto oscuro de la soledad. Un país de viejosviejos, viejísimos viejos, babosísimos viejos, egoístas viejos que ven niños en sus jóvenes que ya son viejos. Somos un país de reputísimos viejos que miran a sus costados y ven cómo les transita la vida. Sigue esperando ese país de viejos, estamos rejodidos, recontra jodidos, como el frío del invierno, como el dedo que aparece luego del calcetín roto.

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