El hombremujer croissant de chocolate.

Este personaje siempre está en la mejor de todas, con bolsitas de té llenas de buena onda para regalar, con una sonrisa abierta como una casa y con el vestido impecable, planchado y con olor a lavandería. A todo le dice que sí aunque esto implique masticar un ladrillo o caminar contando baldosas. Suele acompañar a los amigos en todo momento, es fiel, más no sea para inscribirse a un examen de álgebra o para comprar caramelos en el kiosko. En ocasiones podría pensarse que es dudoso su comportamiento, nadie es tan bueno en estas ciudades, ni siquiera el que despierta cantando en pleno amanecer invernal. Pero no, si lo conoce más en profundidad notará que es real su actitud positiva, aunque con esto deba usted asumir el riesgo de severos dolores estomacales. Esta gente es dulce, excesivamente dulce y aquí, valga la aclaración, no tienen ningún tipo de relación con esos que dan abrazos gratis o besos en el juego de la botella. Este hombremujer es el peligroso, es el que chorrea azúcar y optimismo, es el que logra inundar -cual volcán en plena erupción- la atmósfera de que todo será para bien. Justo es decirlo, y quizás este sea el momento ideal: a veces dan un poco de asco. No sienta culpa si tiene sentimientos encontrados con familiares o amigos cercanos que sean croissant de chocolate, es normal, sobre todo para casos de consanguinidad. Imagine, por ejemplo, una taza repleta de cubitos de azúcar con apenas cuatro o cinco gotas de café; piense, o en su defecto hágalo, cómo se sentiría un gancho directo al hígado. Ese dolor es el que surge cuando traspasa el límite, cuando el acompañamiento se vuelve carga, cuando añora la distancia y prefiere un poco menos a esa gente. Si bien se sabe que muchos son los motivos que provocan estas reacciones, hay uno que sobresale al resto: escucharlos veinte minutos seguidos, eso desencadena la ira interior. Ellos siempre se refieren a la otra persona como cariño, como si a uno le gustara que le llamaran así; pero no te enojes mi amor, si te estoy hablando bien. No me enojo, no soy tu cariño y menos que menos tu amor. Este tipo de hombremujer es pesado, más que un camión repleto de cemento; debería implementarse en la escuela un test sanguíneo para detectar casos problemáticos de niñosniñas croissants de chocolate. Debería existir una vacuna contra esto, exigir que toda persona guarde en su abrigo el certificado esquema de vacunación vigente, por si tiene que mostrarlo ante cualquier trámite. Pero seguramente pida demasiados imposibles, porque en definitiva a esta gente se la quiere; de alguna manera se salen con la suya para encontrar motivos y sentir la necesidad de darles un abrazo al final del día. Quizás sea porque queramos sentir el lado amable de la noche, quizás sea por la ternura que nos provoca en alguna rara parte de nosotros esa sensación del afecto incondicional. Pero cuidado, no me abrace fuerte, la camisa es nueva y no me quiero manchar.

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