Ella (2013). “Amor invisible, invisible amor”.

Titulo original: Her.
País: Estados Unidos.
Dirección: Spike Jonze
Reparto: Joaquin Phoenix, Lynn Adrianna, Lisa Renee Pitts, Gabe Gomez, Chris Pratt, Artt Butler, May Lindstrom, Rooney Mara, Bill Hader, Kristen Wiig, Brian Johnson, Scarlett Johansson, Amy Adams, Matt Letscher, Spike Jonze.
Idioma: Inglés
Año: 2013
Género: Drama.
Duración: 126 min.

crítica - Her

El director Spike Jonze (Rockville, 1969) tiene en su haber varios caminos artísticos construidos, uno de ellos la realización de videoclip musicales para gente como Beastie Boys, Fatboy Slim, Björk, Chemical Brothers o Notorious BIG. También ha sido figura de contenidos culturales emergentes en Estados Unidos difíciles de digerir, el mundo hueco y auto flagelante que significó Jackass podría ser un ejemplo claro.

A nivel de largometrajes podrían destacarse al menos tres películas al mando de su batuta: la inquietante ¿Quieres ser John Malkovich? (Being John Malkovich, 1999), la laberíntica El ladrón de orquídeas (Adaptation, 2002) y la no tan infantil Donde viven los monstruos (Where the wild things are, 2009). En este último caso, se recomienda la banda sonora del film a cargo de Karen O. Otro ejemplo positivo a mencionar es este film.

El protagonista de la historia, Theodore Twombly (un Joaquin Phoenix a pleno), se dedica a escribir cartas para terceros: una especie de escritor fantasma (ghostwriter) pero con legitimidad social, un médium entre personas que se escriben y se derrochan palabras de amor sin tocar un lápiz ni un papel.

Entre cartas escritas por computadora, juegos de video 3D y encuentros pornográficos casuales Theodore inicia una búsqueda emocional que le hará cambiar su existencia. Por un lado, se enfrenta a un frustrado matrimonio en espera de la firma para el divorcio, por otro, una amante fugaz de juventud, actual amiga y vecina de rascacielos que hace las veces de confidente de carne y hueso. El quiebre argumental se genera cuando Theodore instala un sistema operativo (¿en su vida?) diseñado para responder a todo lo que el usuario le solicite. Este punto de partida le permite intercambiar diálogos con una voz (interpretada por Scarlett Johansson) que rápidamente devendrá en profundos y animados momentos de conocimiento mutuo.

En medio de una sociedad donde el desarrollo tecnológico exacerbado es el protagonista se teje una historia de amor aparentemente atípica. Lo sombrío del asunto es cómo comienza a darse por normal una relación que carece de toda sensatez y racionalidad, por citar dos ejemplos al respecto: el picnic del protagonista con su compañero de trabajo y el encuentro con la prostituta-mediadora.

Desde el inicio la película atrapa, quizás por la atemorizante cercanía que hay entre nuestra realidad y los tiempos que transcurren en la historia, quizás sea por el temor a parecernos demasiado a lo que allí ocurre. A priori parecería ser un futuro no tan lejano aunque tampoco es un presente palpable. Estéticamente es un placer, los colores que adornan la pantalla dan ganas de copiarlos para pintarse la casa.

Por su parte, Phoenix contribuye a darle ese toque sensible, no sensiblero, de lo que significa vivir en una época donde hay más vacíos y limitaciones emocionales que cartas de amor escritas a mano. En los 80’ los nervios eran reales cuando había que llamar a la chica para pedirle una cita. Mirábamos fijamente el teléfono puesto sobre la mesita de luz, hablándole bajito, pidiéndole que la chica dijera que sí a la invitación. Se respiraba profundo antes de tomar el tubo (palabra que en cualquier momento desaparece de los diccionarios ante la falta de uso) y rezábamos para que no atendiera el padre. Hoy día son otros los códigos, quizás lo que más anhelamos para estos casos es que sea una voz humana la que nos responda. Los tiempos cambiaron, las personas también. Ayuda a la construcción del papel de Phoenix la gran interpretación de Johansson, a cualquiera le darían ganas de abrazar esa voz tan humana y tan virtual a la vez.

Un detalle: The moon song, la canción de Karen Oes una delicia. Recuerda mucho A waltz for a night de Julie Delpy, en Before Sunset (Dir. Richard Linklater, 2004). Melodía tierna, atrapante, cómplice. Claro, así se enamora cualquiera.

Se trata en definitiva de una interesante reflexión sobre las relaciones humanas cada vez más distantes, cada vez más virtuales.

Calificación:

5. Buenísima.

Lincoln (2012). “Entre la hiperglucemia y la somnolencia”.

Titulo original: Lincoln.
País: Estados Unidos.
Dirección: Steven Spielberg
Reparto: Daniel Day-Lewis, Sally Field, Tommy Lee Jones, Joseph Gordon-Levitt, David Strathairn, James Spader, Hal Holbrook, Gulliver McGrath, Michael Stuhlbarg, Jackie Earle Haley, Jared Harris, Tim Blake Nelson, John Hawkes, Lee Pace.
Idioma: Inglés
Año: 2012
Género: Drama
Duración: 150 min.

crítica - lincoln

Desde hace bastantes años Steven Spielberg (Cincinnati, 1946) viene alternando la realización de dos tipos de películas: las serias (o “serias”, vaya uno a saber la diferencia) y las de entretenimiento. A pesar que tanto unas como otras podrían complementarse, el director en muy pocos casos ha logrado diluir con éxito esta fórmula.

Tampoco se sabe con exactitud si se trata de un fetiche de Spielberg o de un arreglo comercial con las distribuidoras multinacionales, pero desde hace tiempo todos sus films serios o “serios” no bajan de las dos horas y media de duración.

Spielberg ya había mostrado su inquietud en anteriores realizaciones por el tema de la esclavitud, podría mencionarse “El Color Púrpura” (The color purple, 1985) y “Amistad” (1997). Asimismo, también ha mostrado interés por personajes de la Historia que hicieron historia gracias a su exaltación y valentía, tal su trabajo en “La Lista de Schindler” (Schindler’s List, 1993) o incluso con “Rescatando al Soldado Ryan” (Saving Private Ryan, 1998). En todo caso ejemplos más que nada anónimos para las grandes masas.

También otros personajes formaron parte de su mundo ficcional, transmitiendo y enseñando valores universales (o algo así). Tal fue el caso de “La Terminal” (The Terminal, 2004). Igualmente, hasta el día de la fecha, E.T. (el extraterrestre, obvio) sigue siendo el indiscutible ídolo de la platea. A propósito, el año pasado cumplió treinta años de su llegada a los que algunos llaman “Planeta Tierra”.

En cuanto al film, Lincoln entraría en esta categoría de películas serias o “serias”. Consejo inicial: toda persona que se digne a ver estas propuestas realice una estricta dieta en azucares tiempo previo a su fecha de estreno. De esta manera evitará excesos de glucosa innecesarios al organismo. Asimismo, antes de ingresar a la sala, solicite pop salado y refresco light.

La película se desarrolla en el año 1865, luego de cuatro años de guerra civil en Estados Unidos y con la reelección de Lincoln como presidente.

La anécdota central del film es sumamente sintética pero se estira como el sueldo a fin de mes. Gran parte de la trama gira en negociaciones políticas para alcanzar los votos necesarios y así aprobar la abolición de la esclavitud (Decimotercera Enmienda). Por otra parte, se especula con la rendición de los Estados Confederados del Sur en la contienda bélica ya mencionada.

En fin, todo se resume a discusiones entre legisladores, juntadas de votos para aprobar la ley, algunas negociaciones no tan sanctas, en fin, lo de todos los días.

Seguramente hubieron más discusiones de las que muestra la película, ¿pero es necesario ser testigos de cada una de ellas? Demasiados rodeos y vueltas para narrar los puntos centrales. El barro me estaba llegando a las rodillas ante los escasos avances que mostraba la cinta.

A los cinco minutos de iniciada se me taparon las arterias de tanta glucosa. A la hora, a falta de atractivo por el film, comencé a tejer una bufanda.

En el medio de tanto fango aparece un conflicto entre padre (Lincoln) e hijo (hijo de Lincoln) que parece más forzado que sándwich de atún sin mayonesa. Cada tanto también se pelea Lincoln con su esposa (esposa de Lincoln), pasándose facturas de años pasados. Si hubieran recurrido a terapia familiar quizás no hubiera habido tanto griterío en los pasillos de la tan ocupada y teatral Casa Blanca.

Daniel Day Lewis (Londres, 1957) recrea a un Lincoln digno de “héroe de la patria¨, aunque a veces trata mal a su familia o directamente trasciende de ella. Su actuación convence y demuestra que los actores también pueden personificar presidentes sin quedar humillados por eso. Mejor no hablemos de Anthony Hopkins y su intento fallido de encarnar a Nixon (Nixon, Dir. Oliver Stone, 1995). Seguramente aún debe tener pesadillas por ese hombre.

Resultó bastante molesto que cada vez que hablaba Lincoln lo manifestara en términos de metáfora. Perturbó un poco tratar de descifrar cada una de sus frases, ¿no es más fácil para el espectador que Lincoln hablara más directo? De paso uno se ahorra interpretaciones innecesarias o fuera de lugar.

Nota aparte la peluca que utiliza el gran Tommy Lee Jones (San Saba, 1946), es terrible. Uno no puede evadir los pensamientos para dejar de mirarla.

Lincoln capaz que es la gran triunfadora de la próxima ceremonia de los premios Oscar. Capaz que ocurre lo mismo que con “El Color Púrpura“(1985), históricamente la gran perdedora de estos premios (once nominaciones, cero premio). Capaz que no me importa.

La bufanda quedó impecable.

Calificación:

2. Mala.

Django Desencadenado (2012). “Kétchup en algún lugar del sur”.

Título original: Django Unchained
País: Estados Unidos
Dirección: Quentin Tarantino
Reparto: Jamie Foxx, Leonardo Di Caprio, Christoph Waltz, Kerry Washington, Walton Goggins, Samuel L. Jackson, Don Johnson, Bruce Dern, Franco Nero, Jonah Hill
Idioma: Inglés
Género: Acción / Drama
Año: 2012
Duración: 165 min.

Django Desencadenado

Mucho se ha hablado de la violencia que regala Quentin Tarantino (Knoxville, 1963) en sus películas. Esta no sería la excepción tampoco.

En lo que respecta a su filmografía como director supo construir su fama de violento a base de películas mas que interesantes, con argumentos sólidos incluido. Véase por ejemplo: Perros de la Calle –Reservoir Dogs-, 1992, Pulp Fiction 1994, Kill Bill Vol.1 y Vol.  2, 2003-2004; o Bastardos sin gloria –Inglourious Basterds-, 2009.

En este film si bien aparece kétchup como para hacer una parrillada de hamburguesas para doscientas personas, sólo queda en eso: algunas imágenes violentas que en ocasiones se sienten desproporcionadas e innecesarias.

La historia transcurre “en algún lugar de Texas” dos años previo al inicio de la guerra civil en Estados Unidos (1861-1865). Un caza recompensas que se “disfraza” de dentista (Christoph Waltz) va con parsimonia por los bosques sureños en busca de un hombre de nombre Django (Jamie Foxx). Este hombre es un esclavo que recupera su libertad gracias a su buena memoria y por no olvidar la cara de unos bandidos que lo sometían diariamente en sus plantaciones, truhanes y próximas presas del Dr. King Schultz.

De aquí nace una amistad -por decirle de alguna manera- entre estos dos hombres que los lleva, luego de encontrar “vivo o muerto” a mas de un maleante, a buscar a la esposa de Django (Kerry Washington), vendida y separada de su amor años atrás.

En general el film tiene baches de todo tipo aunque al principio prometía ser una buena apuesta. Luego de transcurrida la primera hora de emisión estaba mas preocupado en recordar si había apagado el gas de la cocina que en saber qué estaba ocurriendo en el celuloide.

Pasan muchos minutos y finalmente aparece la esposa de Django. Esta mujer es “mujer libre” después de muchas idas y vueltas, de la aparición de sobreactuados personajes (Don Johnson, Di Caprio, Samuel L. Jackson) y anécdotas que van quedando en el olvido. Desde ese momento se inicia una segunda (¿o tercera?) película dentro de esta. Aburrido, y uno que espera que termine de una buena vez después del tan esperado encuentro.

Con diálogos que se vuelven exageradamente extensos, aburren más que un mensaje presidencial en cadena nacional un domingo de tarde. Muchos de ellos se tornan irritables y quizás hasta algo desesperantes, se anhela a que lleguen a “algún lugar” pero se estiran mas que una telenovela de éxito.

Sí pareció interesante que Tarantino incluyera humor en algunos pasajes, dentro de una historia que inicialmente tenía poco de gracioso. Dato aparte la humorada sobre las capuchas blancas de los “sureños racistas” (al mando de Don Johnson, lindo como siempre) que al principio divierte pero que termina siendo extensa y divagante.

A pesar de todo Tarantino es Tarantino (?) y siempre aporta elementos para que la cinta muestre sus partes entretenidas y llevaderas.

En síntesis, la película se hace larga y quizás hasta muy larga. Si se recortara una hora de cinta nadie se pondría mal por eso. El espectador eternamente agradecido.

Calificación:

3. Está bien.

Ruby, la chica de mis sueños (2012). “Novela, control y espejo”.

Título original: Ruby Sparks
País: Estados Unidos
Dirección: Jonathan Dayton, Valerie Faris
Reparto: Paul Dano, Zoe Kazan, Antonio Banderas, Annette Bening, Steve Coogan, Elliott Gould, Aasif Mandvi, Chris Messina, Deborah Ann Woll, Toni Trucks, Alia Shawkat, Wallace Langham, John F. Beach
Idioma: Inglés
Género: Comedia romántica/dramática
Año: 2012
Duración: 104 min.

 

 

crítica Ruby Sparks

Cuando escucho la publicidad de un film que comienza rezando “de los creadores de…” me genera ciertas sospechas y me anula un poco las ganas de verla. Parecería ser una justificación piadosa que se traduce en muy pocas palabras: “esta película no está tan buena pero bueno, antes sí hicimos algo que valiera la pena… ¿nos podría hacer el favor de venir a ver esta también?”.

Seguramente con esta película la plataforma promocional de partida dirá “de los creadores de Pequeña Miss Sunshine”*, atendiendo debidamente que este antecedente ha tenido más que buenas críticas en todo el mundo (o casi todo el mundo, no tengo el dato si en Sumatra la han exhibido).

Más allá de marketing liviano desde ya aconsejo que vayan a verla. Más allá de dónde sea el lugar, eso quedará a gusto del consumidor, como cuando ponemos sal a las comidas. Pueden ir un cine, a un auto, a un baño, a un Café o a un café con leche, donde quieran.

El argumento se centra en un joven escritor prodigio (Paul Dano), un ser introspectivo, sumamente tímido, que no le gusta que le digan genio (aunque todos se lo dicen), que le pesa su temprano éxito editorial y que no logra encajar las palabras adecuadas para iniciar con un nuevo proyecto literario.

Entre asistencias semanales al terapeuta (Elliot Gould), consejos de hermano mayor que ningún hermano menor desearía escuchar, consejos de madre que ningún hijo escucharía, recuerdos distorsionados sobre su ex novia  e intentos infructuosos de garabatear algo en su linda máquina de escribir es cómo el protagonista arma su puzzle en el diario vivir.

En uno de los tantos encierros de creación comienza a tener sueños que le darán luego algunas pistas para iniciar -ahora sí- su siguiente obra. Entre esas primeras inspiraciones nace la protagonista de la novela, musa que se convertirá tan tangible en su cotidianeidad que un día aparece en su propia casa (cocinando y todo).

La relación del joven escritor con su personaje literario (Zoe Kazan), sus demonios y temores interiores y el reacomodo de su estructura personal serán la columna vertebral de toda la historia.

La película no cae en golpes bajos ni hace excesivo (todo lo contrario) el maniqueísmo que podría haber hecho el joven escritor sobre su personaje creado. Apenas aparece lo necesario para desenterrar lo perverso, humillante y dañino que podemos ser los seres humanos con otros seres humanos.

Dano obtiene una actuación destacada. Es un ser que vive en su propia jaula, como si él mismo fuera un personaje de otro escritor (invisible).  Siempre está a punto de explotar, siempre en estado permanente de ebullición, como una olla a presión que no se apaga aunque se acabe el gas.

Por su parte Kazan transmite sentimiento puro y regala, a quien quiera recibirlo, unas gotas de atrevimiento con perfume a brisa. Frescura y encierro se vuelven la base de su diario vivir.

De alguna manera, ambos protagonistas son su espejo, el equilibrio.

Dos elementos a destacar. Por un lado, la música acompaña a la perfección los distintos estados de ánimo que florecen a lo largo del film.

Por otro, un poco tosca la actuación de Antonio Banderas. Queda demasiado en evidencia con un elenco que si bien no es magistral, se defiende. Pero bueno, si disfrutó de la filmación y se hizo de nuevos amigos nos quedamos todos contentos. O al menos, eso espero.

En síntesis, la película es una mariposa despertando: es color y mucho sentimiento.

Calificación:

5. Buenísima.

* Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, Dir. Jonathan Dayton, Valerie Faris. 2006).

Diario de un seductor (2011). “Nada para beber”.

Título Original: The Rum Diary
País: Estados Unidos
Dirección: Bruce Robinson
Reparto: Johnny Depp, Aaron Eckart, Giovanni Ribisi, Amber Heard, Richard Jenkins, Michael Rispoli
Idioma: Inglés
Género: Comedia dramática
Año: 2011
Duración: 120 min.

Lo primero que se me ocurre -hoy día- cuando veo una película protagonizada por Johnny Depp (Owensboro, 1963) es “bueno, a ver, cuándo aparece lo fantástico, algún personaje estrafalario o sus muecas hibridas de actuación”.

Luego respiro por unos segundos y pienso que ha sabido hacer cosas distintas a la de sus últimos tiempos (Sombras tenebrosas, Dir. Tim Burton, 2012; Alicia en el país de las maravillas, Dir. Tim Burton, 2010 y véase también todas las de Piratas del Caribe -2006, 2007, 2011-), así como también películas que todo el mundo prefiere olvidar -incluso él- que por respeto al mundo entero -incluso a él- prefiero no dar ejemplos.

Hasta actuó en películas que quizás hasta para el propio Depp hubiese sido inimaginable (o no). Un ejemplo, Descubriendo Nunca Jamás (Finding Neverland, Dir. Marc Forster, 2004).

Depp es un gran actor, de alguna manera genera empatía con el espectador/a, a veces con buenas dosis de ternura y simpatía, a veces revelando uno de sus “exóticos” personajes, a veces por ambas variables a la vez.

Bueno, en esta película no ocurre ninguna de las opciones anteriormente mencionadas.

En este caso Depp hace lo que puede, y tan solo con eso ya es decir demasiado. A su lado se encuentra otro buen actor, Aaron Eckart (véase  Rabbit Hole, Dir. John Cameron Mitchell, 2010; El caballero oscuroThe dark knight, Dir. Christopher Nolan, 2008-; y sobre todo Gracias por fumarThank you for smoking– Dir. Jason Reitman, 2005) pero lo mismo, su personaje es bastante limitado como para salir con cierta dignidad del infortunado episodio.

El argumento se construye a partir de un periodista o “periodista” alcohólico (Depp) que se inicia en un matutino de la capital de Puerto Rico. Por otra parte, Eckart aparece como uno de los “dueños” de la ciudad, con pasado turbio y entrando a piacere por donde se le ocurra. Entre ambos se entablará una relacion de confianza, Depp hará uso de las riquezas del otro, luego le perderá la confianza, se pelean, Depp intentará eludirlo, lo mismo de siempre. Imagino que ya sabe el final.

Obviamente que no faltará la misteriosa (y no tan misteriosa) y seductora mujer que hará de las delicias a Depp y los engaños a Eckart. Tampoco el “loquito” (Giovanni Ribisi) que a fin de cuentas dará una mano para solucionar uno de los problemas que surgen en la historia, ni el Director de periódico que está todo el día nervioso, gruñón y malhumorado (imagine al jefe de Peter Parker, sin habano pero con peluca que se tambalea constantemente).

El hilo se pierde como cuando te limpias la muela del fondo de la boca. Está bien como idea pero se desvanece como el primer ron que se toma el protagonista.

Por lo demás, mucho sombrero Panamá, muchas camisas de hilo, muchas corbatas puestas en cuellos listas para irse lo antes posible, ventiladores que no funcionan salvo que le propines un golpe, mucho calor (con sudor incluido) y más clichés innumerables para entender que estamos en Puerto Rico (¡sabor!).

La adecuación de época parece buena (década del 50), aunque a veces suena un tanto edulcorada.

Sin lugar a dudas el gran personaje en la película es la propia San Juan de Puerto Rico. Y si supiera hablar me arriesgaría a decir que es el mejor actor de toda esta ensalada de frutas. En realidad lo es, pero no sé si aún se han dado cuenta de ello.

Calificación:

1. Malísima

Los Indestructibles 2 (2012). “Los playmobil de la guerra”.

Título original: The Expendables 2
País: Estados Unidos
Dirección: Simon West
Reparto: Sylvester Stallone, Jason Statham, Dolph Lundgren, Terry Crews, Randy Couture, Yu Nan, Jean Claude Van Damme, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Chuck Norris, Jet Li, Liam Hemsworth, Scott Adkins, Charisma Carpenter, Amanda Ooms
Idioma: Inglés
Género: Acción
Año: 2012
Duración: 103 min.

 

 

Cuando Sylvester Stallone (Nueva York, 1946) hizo algunas comedias seguramente pensó “ya está, creo que este momento un tanto extraño en mi carrera no volverá a ocurrir”. Sugiero (o no sugiero) ver Oscar (Dir. John Landis, 1991), Para, o mi mamá dispara (Stop! Or my mom will shoot, Dir. Roger Spottiswoode, 1992) para dar ilustración a lo que estoy mencionando.

Nada más alejado de ello. Cuando descubre la fórmula de “Los Indestructibles” (la primera data del 2010) resurge una vez más de las cenizas -por tercera, cuarta o decimoctava vez- pero también sin querer queriendo crea una autoparodia deliciosa de su carrera actoral (?) en filmes de acción.

En esta película, lo inverosímil y lo absurdo se vuelven tan grotescos -escena tras escena- que no queda otra que lentamente relajarse para simplemente esperar las mejores patadas, las mejores matanzas y el mejor “pop acaramelado el pop”.

Todas las entradas de los veteranos de la pelea (Schwarzenegger, Norris, Willis, Van Damme) son tan ridículas y forzadas que te querés agarrar la cabeza de lo malo, pero ¿a quién le importa? Se nota que a los más veteranos el tiempo se les vino encima y sólo de verlos te hacen acordar al muro de Berlín. Por lo duro, lo frío, y la vejez. No olvidemos que sumando las edades de Arnold, la de Chuck y la de Silvester ya entrarían en la lista de festejo del bicentenario de independencia de más de una nación sudamericana.

Primero de todo, ¿quién se puede creer que Stallone le gane en la pelea final (obvio) a Van Damme? Tamos todos locos. Por suerte, al Jean Claude le dejaron dar dos patadas voladoras (sí, dos) del infierno. Su famosísima tijereta que te cambia de dirección la raya del pelo.

Qué contar del argumento. Esto debe ser lo más difícil de descifrar, porque no tiene pies ni cabeza. No se sabe bien porqué la película comienza de la manera que comienza, ni tampoco porqué te va llevando por los caminos que te lleva. Tiene todos los clichés de los mejores films de acción de los ‘80 pero con algunas actualizaciones para darle “realismo” a la historia. De por ahí se cuela Afganistán, el soldado americano desengañado del gobierno de EEUU, el plutonio y la energía, el malo-malo que quiere conquistar el mundo (esto sigue igual que antes), la mujer que no va a matar a nadie pero que esconde un serial killer en potencia, y así hasta el infinito.

¿En el medio? Bueno, unos tres o cuatro minutos de acción a cargo de Jet Li que te deja los pelos de punta y ganas de retomar el karate que dejaste en tu niñez. Además de eso, mucha peleíta (cada actor tendrá sus minutos correspondientes para su lucimiento), dos chistes que podrían haber entrado en lo mejor de Mel Brooks o Woody Allen a cargo de Schwarzenegger y Norris, una guiñadita de estilos de pelea entre Statham y Stallone y muchos y muchos cuerpos dando vueltas por el espacio aéreo de tanta balas y bombas que se comen.

Mención aparte la cantidad de sangre que se ve y chorrea por la cinta, hasta parece real y todo. No tengo nada que agregar a la barba pintada de Chuck Norris, es cuestión de verla, cada uno sacará sus conclusiones al respecto.

En definitiva, aquí cabría preguntarse -aparte de si Dios existe- ¿para cuándo la aparición de Steven Seagal? Tampoco es tan viejo. ¿O ya se murió y nadie me avisó?

¿Se vendrá la tercera de Los Indestructibles? Ahora me muero yo

Calificación:

4. Buena (para los amantes del género)

2. Mala (para el resto de los amantes)

Nunca abandone el cine en medio de una película.

Cada uno es grande y haga lo que quiera pero para mí nunca se debe dejar el cine en medio de una película. Salvo que sea por necesidades más radicales como darse una vacuna o tener visita con el veterinario.

Este consejo también es para ustedes chicos! Claro, ustedes son chicos y por ahora no deciden si pueden irse o no en medio de un bodrio. Ta, igual, por suerte, no vivieron aquella época donde las “películas de animales” eran moda. En ese momento, los animales no hablaban, ni siquiera les ponían una voz a los desgraciados.

No me gustaría mencionarles ninguna en particular pero siempre detesté las películas de gatos. Aburridas como esperar al Mesías. No les hablo de las películas de dibujitos -sí, chicos, antes se les decía asi a las películas que actualmente ustedes conocen como de animación, 3D, las de Pixar, lo lamento-, me refiero a los films con animales de carne y hueso, con sus caras de tristeza y su necesidad de “actuar” (porque los animales no actúan) para evitar el látigo de detrás de cámara. Nota: chicos, si son muy sensibles no lean esta última frase que puse. Nota 2: chicos, me acabo de dar cuenta que tendría que haberles avisado antes de esta última frase y no después que la leyeran. Bueno, maduren, tampoco son tan chicos.

Irse del cine antes que culmine la película es como una falta de respeto. No tanto por la película -que tantas faltas de respeto nos han hecho en nuestras vidas- sino por nosotros mismos. Me explico: es seguro que esa película nunca más la volverá a ver porque en definitiva será mala o malísima (de lo contrario, se estaría frente a un caso de “masoquismo del séptimo arte”, más usual de lo que uno piensa) . Si marcha antes corre el riesgo de encontrarla iniciada en otros medios -Cable, Tv abierta, celular, reloj Casio, etc.- y obligarse a terminar de verla. En este sentido, pierde el doble de tiempo y gana el doble de humillación. Pienselo, lo dejo en sus manos.

Casos famosos de películas que hay que ver hasta el final para no topársela nuevamente en su desgraciada vida: Batman 4 (la de Clooney y Cia.) y todas las que tienen nombres únicos y con más de tres sílabas: Indochina (Régis Wargnier, 1992),  Australia (Baz Luhrmann, 2008), entre otros casos emblemáticos.

Los Aristogatos está buenisima, la de Chatrán es malísima.